domingo, 25 de diciembre de 2016

Te fuiste barranca abajo, vas a tener que volver a Tajo

Se nos va terminando el año, y bueno a algunos les fue bien, pero por lo que veo en internet fue a los menos, a mi me fue del carajo, aunque eso ya no es novedad, pero esta vez caí un poco más bajo, bueno para ser sincera un mucho más bajo. Este año tres palabras me definen, tres palabras pronunciadas por bocas ajenas por primera vez, y no solo por mi misma voz, tres palabras, tres voces distintas, tres voces cercanas, tres voces poderosas, tanto que más verdad no pueden ser. Siempre supe que me definían, las he repetido tantas veces... "cobarde", "patética", "egoísta", pero no es lo mismo la auto-consciencia que invita a la esperanza de que no sean del todo verdad, de que solo sea parte de la ansiedad, de la depresión, de la tristeza esa del carajo que no se va, a que sean pronunciadas por alguien más, y no por cualquiera sino por alguien que ya puedes decir que te conoce y que no forma parte de tu familia. Ni siquiera me salvan los contextos en los que fueron empleadas, todas me las gané a pulso, así como el odio que me tengo, y esta vez el mantra de toda la vida no podrá hacer nada por mi, aunque no es como que haya ayudado en el pasado: "La gente es estúpida, yo soy gente, yo soy estúpida", antes eso era suficiente para perdonarme, pero no lo es ahora, nada lo es ahora, y bueno, feliz navidad a mi, supongo. Mientras se este vivo, se supone que aun se puede hacer algo, aunque ese algo sea solo respirar.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Externos

Como cuando no tenemos una casa
ni un pocillo
un cajóno cualquier otra prenda
como cuando nunca hemos tenido una casa
y así vagamos por pasillos solitarios
o bebemos nuestro seco licor
recostados a la columna más sorda más lejana
mientras una voz llama insistentemente a alguien
cuyo nombre no es el nuestro

Como cuando nuestros amigos nos invitan a sus casas
y cantamos y bailamos y reímos con ellos
tal y como si estuviéramos en nuestra propia casa
para después de todo
sorprendernos de nuevo en la calle
perdidos
como en una casa
Como cuando al atardecer
luego de haber recorrido de un lado a otro la ciudad
necesitamos una silla
un vaso de agua
o el ir y venir de alguien que
tras preparar la mesa está a punto de llamarnos

Como cuando no tenemos una casa
como cuando no hemos tenido nunca
una casa

Rafael del Castillo Matamoros

jueves, 24 de noviembre de 2016

Somos esclavos de nuestras palabras, todo lo que hemos dicho o escrito nos persigue para siempre, no existen los arrepentimientos, los cambios de opinión, los cambios en general. Hay cosas que se modifican, si, pero no cambia nuestra esencia, los impulsos primarios, los primeros pensamientos son siempre iguales, los segundos son auto-engaños, la negación del ser, de lo malo de este, creemos que somos buenos, por fuerza necesitamos convencernos de ello, es más fácil vivir así, encarar al mundo, a los otros, pero esa no es la realidad, ese es nuestro intento de convivencia, de civilidad. Algunos si son buenos, algunos tienen la suerte de que este en su ser, en su corazón, son afortunados, y esa bondad es fácilmente visible, resplandecen, incluso ciegan un poco, embrutecen a los que no lo somos, nos hacen creer en nuestra bondad fingida, no es difícil, nacemos y crecemos queriendo creer en ella, montamos todo un teatro de nuestras vidas, pero nunca es verdad, simplemente no lo es, y... la verdad pesa, la verdad es difícil de acarrear, de ocultar, de mantener en las sombras. Las grietas lo empiezan a hundir a uno, te pudres por dentro, todo va mal, el auto-desprecio se convierte en odio, porque no puedes cambiar, porque siguen allí esos pensamientos, sigue allí tu ser, tu desagradable, asqueroso y rastrero ser, sigues ahí, agazapado, ocupando un espacio que pudo ser mejor llenado por otros que si lo valían, que si tenían futuro, que hacían felices a los demás, que tenían un propósito en esta vida y en cambio estas tú, tú, tú.