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lunes, 18 de julio de 2011

Quo vadis?

Cuando me llego este libro no sabia que esperar, solo sabia que era bueno, puesto que una chica con excelente gusto literario lo había recomendado y que por suerte yo me gane en un concurso en su blog (nuevamente mil gracias Arien), desde que supe que seria mio, estuve tentada a investigarlo a fondo, pero a riesgo de toparme con odiosos spoilers decidí no hacerlo, ademas ya había leído la reseña de Arien, pero aun así, casi no he leído muchos clásicos así que no estoy muy acostumbrada a ellos.

En fin, llego el paquete y yo enseguida me abalance sobre el, saque el libro y me aparte del mundo, desde que me inmiscuí en el maravilloso placer de la lectura de esta novela, supe que este se convertiría sin lugar a dudas en uno de mis libros favoritos, pero dejando de lado todo esto aquí va la reseña/opinión:

Quo vadis? del autor polaco Hanryk Sienkiewicz

Una historia ubicada en Roma, durante el decadente reinado de Nerón, reconocido por sus terribles injusticias, pero principalmente porque fue bajo su reinado que estallo la primera gran persecución del cristianismo, esto deja sin lugar a dudas esclarecido uno de los principales puntos en la trama de la novela y es que si, como la mayoría de las novelas y películas situadas en aquella época, la religión tiene una parte importante y en este caso es que los personajes protagonistas de nuestra historia viven un amor imposible ya que el: Vinicio es un patricio romano cosa que le da un lugar social privilegiado y es por ello engreído y orgulloso mientras que ella: la dulce Ligia es una princesa mantenida en Roma desde niña en calidad de rehén, bajo la tutela de Aulo y Pomponia a quienes considera como padres y quienes a su vez le consideran como hija, y siendo esta ultima (Pomponia) quien le induce al cristianismo.

Y es allí en casa de Aulo, donde Vinicio conoce a Ligia y donde ambos se enamoran, el joven patricio busca en Petronio su tío y arbitro de la elegancia consejo sobre como actuar al respecto y es que si bien el quiere hacer las cosas bien no sabe como conducirse solo y confía sobremanera en los consejos de quien es querido y respetado en toda Roma inclusive por el mismo emperador, este le aconseja a sacar a Ligia de casa de Aulo para que sea llevada al palatino y luego entregada a el, Aulo acepta encantado y Ligia es sacada de su casa sin saber por obra de quien y temiendo lo peor puesto que sabe el tipo de peligros que corre en el palacio del emperador, por esto mismo es acompañada de Urso un siervo que le es fiel, y que al enterarse de los malvados planes de Vinicio por boca del mismo le ayuda a escapar a una vida errante y privada de lujos con tal de evitar la deshonra.

Es así como empieza la ardua búsqueda de Vinicio quien es ayudado por su tío, un personaje importante puesto que por el, su puesto al lado del emperador y sus enemigos  suceden cosas que complican nuestra historia.

El libro esta divido en 2 partes y es que es una historia larga y apasionante, en donde seas o no cristiano/catolico o de alguna secta que crea en cristo, la historia te envuelve y te atrapa, te emocionas con las desventuras de Ligia, odias (o al menos yo lo hize) a Vinicio, ademas de que nunca te aburres ya que la narración no es para nada pesada, las descripciones son justas las necesarias, los personajes son realistas, los diálogos son apropiados para el tiempo en el que esta situada ,en fin es una novela increible y altamente recomendable.

Se que no es la mejor reseña, que seguramente suelto uno que otro spoiler, pero creanme ya la lei y la relei y creo que los pocos spoilers que suelto no son vitales, y que son simplemente datos para atraerlos a la lectura de esta maravilla de la literatura y es que sin lugar a dudad es un gran libro que creanme les encantara, espero no haberles aburrido y que al contrario tengan muchas ganas de leerlo.

Como dato curioso, algo que encontre en google, es que el titulo de la novela tiene mucho que ver con la situacion social en la que se encontraba el pais del autor y es que aunque el titulo sea solo Quo vadis?, la cita es realmente Qou vadis domine? que es ¿adonde vas señor?, y es que el autor intenta relacionar esa frase con la de Quo vadis homo? que vendria siendo ¿adonde vas hombre?, preguntándose o mas bien preguntándonos   a donde va a llegar la humanidad.

miércoles, 8 de junio de 2011

Todo ese esfuerzo valio la pena

Asi es chicas lo logre!!!

Me siento muy bien, Ya soy una universitaria (esa frase, hubo muchos momentos en los que dudaba poder llegar a decirla y de echo suena rara en mi boca) digo aun no al 100% todavia hay que hacer todos los procedimientos legales ya saben todo ese rollo de llevar papeles, llenar papeles entre otras cosas, pero saben que? pase el examen y eso es maraviloso!!!

Ahora si el blog volvera a revivir, porque admitamoslo todas las entradas desde un poco antes del examen eran algo deprimentes, pero es que eran de acuerdo a mi estado de animo pero ahora todo mejorara se los prometo!!!

viernes, 29 de abril de 2011

Reapertura!!!

Hoy paso algo maravilloso:

Tengo una compu nuevamente!!!!!!!

Lo cual apresuro considerablemente el regreso de este blog a la vida publica >.<; aun asi cambie el nombre y la url (mas vale prevenIMSS [un chiste que supongo solo arien entendera]), y hablando arien, esta chica tiene un sorteo en su blog debido a que esta llena de amor y quiere compartirlo, bueno ella no lo puso exactamente asi ^^ ella puso que quiere que su felicidad llegue a nosotros y para mi eso es sinonimo de amor >.<

Y cuales son los premios de este concurso????

Pues la respuesta es:

LIBROS!!!!

Asi es esta sorteando 2 libros que son:

La vida oculta de Jesús - María Valtorta

Quo Vadis? - Henryk Sienkiewicz

Hara el concurso de una forma no tradicional de blogger, sino que mas bien de una forma tradicional de la vida real y sera metiendo toooodos los nombres de los que participamos en una urna y haciendo que una mano santa saque el papelito con el nombre del ganador, para que no haya conflictos y no ocasionar una marcha con gente gritando ¡Voto por voto!¡Casilla por casilla! grabara el sorteo y subira el video (Obvio no???, nimodos que grabe el video y lo deje guardado u.u'')

De todas formas les dejo el link de la entrada:

http://elalmadelosarboles.blogspot.com/2011/04/sorteo-felices-pascuas.html

Y hare algo estupido, despues de tantos cuidados para encubrir el hecho de que este es mi blog ante mi familia, me dare el lujo de que la emocion y felicidad me cieguen y subire una foto de mi cuarto en uno de sus peores desastres, aunque estoy segura de que puedo llegar a niveles mas bajos (sientanse aliviados al ver que lo que para ustedes es un chiquero de habitacion para mi es MUCHO peor, posdata: es mi forma de subirles el animo)

Aclaracion: odio que mi cuarto sea rosa, pero cuando lo construyeron fueron mis padres quienes decidieron el color no yo, y respecto al sueter igual me lo compro mi mama ^^

Posdata: no puedo desprenderme completamente de como era antes el blog asi que aunque planeaba quitar gran parte de las cosas del sidebar decidi dejarla, en especial la imagen de helga que me costo mucho editar xq aun soy rebruta pa la edicion (lo que me recuerda que aun estoy muy atrasada en el banner de arien pero conste que lo estoy haciendo con cariño)

sábado, 23 de abril de 2011

Marley y yo

Ese es el titulo de la peli que vi ayer por la noche, aunque mas bien deberia decir antier por la noche teniendo en cuenta que son pasadas las 12 (aunque no por mucho), con Owen Wilson un actor del que amo todas y cada una de las pelis en las que lo he visto porque no dire que ya vi todas sus peliculas ya que eso seria una vil mentira xD.

Siendo sincera les dire algo que hace mucho debi decirles ya que de todas formas tarde o temprano se enterarian: amo las peliculas del genero comedia-romantica, se que es tonto porque mucho antes de empezar a ver una pelicula de este genero ya conoces la historia basica y sabes que lo demas son solo ligeros cambios porque siempre siguen la misma linea de acontecimientos en fin...

Eso no viene mucho a cuento ya que les quiero hablar de esta pelicula en especifico y esta pelicula no es de ese genero, aunque tiene algo de comedia (digo Owen wilson- Jennifer aniston obvio hay algo de comedia de por medio), no es comedia en si, de echo buscando en google que obviamente a la primera pag que me llevo fue a wikipedia descubri que es una comedia-dramtica, osea que solo te ries lo necesario...

Es una pelicula basada en una historia veridica, y que relata el inicio en la vida adulta, tanto en el ámbito profesional como en el afectivo, del periodista y escritor John Grogan (no sabia como decir lo que esta subrayado asi que copie y pegue.... pero espero que con un poco de practica publicando opiniones pueda pronto hacer una reseña por mi misma), es una pelicual que a mi me encanto porque vamos viendo como crece por decirlo asi la familia y como marley (el perro) ayuda mucho con esto ya que es un perro desastrozo ^^ y la verdad soy un asco haciendo esto pero mejorare se los prometo, asi que en lo que mejoro si no han visto esta pelicula si no le han dado una oportunidad por el simple hecho de que es un perro el principal y admitamoslo ultimamente este tipo de peliculas son un asco y un fracaso total, pues dejenme decirles que estan equivocados, porque la pelicula es algo completamente distinto a lo que uno espera aqui el trailer:

Queria dejarles otro pedazo de la pelicula pero no lo encontre en youtube asi que solo eso les puedo dejar, y creanme cuando les digo que esta hermosa (confieso que no pude evitar llorar al final x.x)

Posdata: He decidido volver muy pronto a hacer publico el blog aunque solo mostrara una entrada por un tiempo y pues el nombre algo me dice que teminara siendo botella al mar, porque sinceramente me ha ecnantado la idea y aunque igual me llaman la atencion otras ideas, se que me aburrire pronto de ellas mientras que si le pongo botella al mar se que no cambiare el nombre y que no me aburrire de el, estoy pensando en deshacerme de varias secciones ya que ni las uso y agregar 2 nuevas de libros y de peliculas >.< que igual y seran actualizadas al cabo de las quinientas pero bueno...

domingo, 6 de marzo de 2011

Benedetti

Bueno como saben este señor es uno de mis escritores favoritos, de hecho es el puesto numero 3 en mi top ten xD jajaja, asi que como no tengo ganas de ecribir, les dejo un cuentecillo muy largo pero que es mi cuento favorito de el espero les guste y como se que son inteligentes se que la van a entender a la primera xq lo crean o no se lo mostre a unas amigas cuando lo descubri y les costo un poko entenderle:

"Los Pocillos"

Los pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes, y además importados, irrompibles, modernos. Habían llegado como regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón había sido que podía combinarse la taza de un color con el platillo de otro. "Negro con rojo queda fenomenal", había sido el consejo estético de Enriqueta. Pero Mariana, en un discreto rasgo de independencia, había decidido que cada pocillo sería usado con su plato del mismo color.


"El café ya está pronto. ¿Lo sirvo?", preguntó Mariana. La voz se dirigía al marido, pero los ojos estaban fijos en el cuñado. Este parpadeó y no dijo nada, pero José Claudio contestó: "Todavía no. Esperá un ratito. Antes quiero fumar un cigarrillo." Ahora sí ella miró a José Claudio y pensó, por milésima vez, que aquellos ojos no parecían de ciego.

La mano de José Claudio empezó a moverse, tanteando el sofá. "¿Qué buscás?", preguntó ella. "El encendedor." "A tu derecha." La mano corrigió el rumbo y halló el encendedor. Con ese temblor que da el continuado afán de búsqueda, el pulgar hizo girar varias veces la ruedita, pero la llama no apareció. A una distancia ya calculada, la mano izquierda trataba infructuosamente de registrar la aparición del calor. Entonces Alberto encendió un fósforo y vino en su ayuda. "¿Por qué no lo tirás?" dijo, con una sonrisa que, como toda sonrisa para ciegos, impregnaba también las modulaciones de la voz. "No lo tiro porque le tengo cariño. Es un regalo de Mariana."

Ella abrió apenas la boca y recorrió el labio inferior con la punta de la lengua. Un modo como cualquier otro de empezar a recordar. Fue en marzo de 1953, cuando él cumplió 35 años y todavía veía. Habían almorzado en casa de los padres de José Claudio, en Punta Gorda, habían comido arroz con mejillones, y después se habían ido a caminar por la playa. El le había pasado un brazo por los hombros y ella se había sentido protegida, probablemente feliz o algo semejante. Habían regresado al apartamento y él la había besado lentamente, morosamente, como besaba antes. Habían inaugurado el encendedor con un cigarrillo que fumaron a medias. Ahora el encendedor ya no servía. Ella tenía poca confianza en los conglomerados simbólicos, pero, después de todo, ¿qué servía aún de aquella época?

"Este mes tampoco fuiste al médico", dijo Alberto.

"No."

"¿Querés que te sea sincero?"

"Claro."

"Me parece una idiotez de tu parte."

"¿Y para qué voy a ir? ¿Para oirle decir que tengo una salud de roble, que mi hígado funciona admirablemente, que mi corazón golpea con el ritmo debido, que mis intestinos son una maravilla? ¿Para eso querés que vaya? Estoy podrido de mi notable salud sin ojos."

La época anterior a la ceguera, José Claudio nunca había sido especialista en la exteriorización de sus emociones, pero Mariana no se ha olvidado de cómo era ese rostro antes de adquirir esta tensión, este resentimiento. Su matrimonio había tenido buenos momentos, eso no podía ni quería ocultarlo. Pero cuando estalló el infortunio, él se había negado a valorar su amparo, a refugiarse en ella. Todo su orgullo se concentró en un silencio terrible, testarudo, un silencio que seguía siendo tal, aún cuando se rodeara de palabras. José Claudio había dejado de hablar de sí.

"De todos modos debería ir", apoyó Mariana. "Acordate de lo que siempre te decía Menéndez."

"Cómo no, que me acuerdo: Para Usted No Está Todo Perdido. Ah, y otra frase famosa: La Ciencia No Cree en Milagros.

Yo tampoco creo en milagros." "¿Y por qué no aferrarte a una esperanza? Es humano."

"¿De veras?" Habló por el costado del cigarrillo.

Se había escondido en sí mismo. Pero Mariana no estaba hecha para asistir, simplemente para asistir, a un reconcentrado. Mariana reclamaba otra cosa. Una mujercita para ser exigida con mucho tacto, eso era. Con todo, había bastante margen para esa exigencia; ella era dúctil. Toda una calamidad que él no pudiese ver; pero esa no era la peor desgracia. La peor desgracia era que estuviese dispuesto a evitar, por todos los medios a su alcance, la ayuda de Mariana. El menospreciaba su protección. Y Mariana hubiera querido -sinceramente, cariñosamente, piadosamente- protegerlo.

Bueno, eso era antes; ahora no. El cambio se había operado con lentitud. Primero fue un decaimiento de la ternura. El cuidado, la atención, el apoyo, que desde el comienzo estuvieron rodeados de un halo constante de cariño, ahora se habían vuelto mecánicos. Ella seguía siendo eficiente, de eso no cabía duda, pero no disfrutaba manteniéndose solícita. Después fue un temor horrible frente a la posibilidad de una discusión cualquiera. El estaba agresivo, dispuesto siempre a herir, a decir lo más duro, a establecer su crueldad sin posible retroceso. Era increíble cómo hallaba a menudo, aún en las ocasiones menos propicias, la injuria refinadamente certera, la palabra que llegaba hasta el fondo, el comentario que marcaba a fuego. Y siempre desde lejos, desde muy atrás de su ceguera, como si ésta oficiara de muro de contención para el incómodo estupor de los otros.

Alberto se levantó del sofá y se acercó al ventanal.

"Que otoño desgraciado", dijo, "¿Te fijaste?" La pregunta era para ella.

"No", respondió José Claudio. "Fijate vos por mí."

Alberto la miró. Durante el silencio, se sonrieron. Al margen de José Claudio, y sin embargo, a propósito de él. De pronto Mariana supo que se había puesto linda. Siempre que miraba a Alberto se ponía linda. El se lo había dicho por primera vez la noche del 23 de abril del año pasado, hacía exactamente un año y ocho días: una noche en que José Claudio le había gritado cosas muy feas, y ella había llorado, desalentada, torpemente triste, durante horas y horas, es decir, hasta que había encontrado el hombro de Alberto y se había sentido comprendida y segura. ¿De dónde extraería Alberto esa capacidad para entender a la gente? Ella estaba con él, o simplemente lo miraba, y sabía de inmediato que él la estaba sacando del apuro. "Gracias", había dicho entonces. Y todavía ahora la palabra llegaba a sus labios directamente desde su corazón, sin razonamientos intermediarios, sin usura. Su amor hacia Alberto había sido en sus comienzos gratitud, pero eso (que ella veía con toda nitidez) no alcanzaba a depreciarlo. Para ella, querer había sido siempre un poco agradecer y otro poco provocar la gratitud. A José Claudio, en los buenos tiempos, le había agradecido que él, tan brillante, tan lúcido, tan sagaz, se hubiera fijado en ella, tan insignificante. Había fallado en lo otro, en eso de provocar la gratitud, y había fallado tan luego en la ocasión más absurdamente favorable, es decir, cuando él parecía necesitarla más.

A Alberto, en cambio, le agradecía el impulso inicial, la generosidad de ese primer socorro que la había salvado de su propio caos, y, sobre todo, ayudado a ser fuerte. Por su parte, ella había provocado su gratitud, claro que sí. Porque Alberto era un alma tranquila, un respetuoso de su hermano, un fanático del equilibrio, pero también, y en definitiva, un solitario. Durante años y años, Alberto y ella habían mantenido una relación superficialmente cariñosa, que se detenía con espontánea discreción en los umbrales del tuteo y sólo en contadas ocasiones dejaba entrever una solidaridad algo más profunda. Acaso Alberto envidiara un poco la aparente felicidad de su hermano, la buena suerte de haber dado con una mujer que él consideraba encantadora. En realidad, no hacía mucho que Mariana había obtenido a confesión de que la imperturbable soltería de Alberto se debía a que toda posible candidata era sometida a una imaginaria y desventajosa comparación.

"Y ayer estuvo Trelles", estaba diciendo José Claudio, "a hacerme la clásica visita adulona que el personal de la fábrica me consagra una vez por trimestre. Me imagino que lo echarán a la suerte y el que pierde se embroma y viene a verme."

"También puede ser que te aprecien", dijo Alberto, "que conserven un buen recuerdo del tiempo en que los dirigías, que realmente estén preocupados por tu salud. No siempre la gente es tan miserable como te parece de un tiempo a esta parte."

"Qué bien. Todos los días se aprende algo nuevo." La sonrisa fue acompañada de un breve resoplido, destinado a inscribirse en otro nivel de ironía.

Cuando Mariana había recurrido a Alberto en busca de protección, de consejo, de cariño, había tenido de inmediato la certidumbre de que a su vez estaba protegiendo a su protector, de que él se hallaba tan necesitado de amparo como ella misma, de que allí, todavía tensa de escrúpulos y quizás de pudor, había una razonable desesperación de la que ella comenzó a sentirse responsable. Por eso, justamente, había provocado su gratitud, por no decírselo con todas las letras, por simplemente dejar que él la envolviera en su ternura acumulada de tanto tiempo atrás, por sólo permitir que él ajustara a la imprevista realidad aquellas imágenes de ella misma que había hecho transcurrir, sin hacerse ilusiones, por el desfiladero de sus melancólicos insomnios. Pero la gratitud pronto fue desbordada. Como si todo hubiera estado dispuesto para la mutua revelación, como si sólo hubiera faltado que se miraran a los ojos para confrontar y compensar sus afanes, a los pocos días lo más importante estuvo dicho y los encuentros furtivos menudearon. Mariana sintió de pronto que su corazón se había ensanchado y que el mundo era nada más que eso: Alberto y ella.

"Ahora sí podés calentar el café", dijo José Claudio, y Mariana se inclinó sobre la mesita ratona para encender el mecherito. Por un momento se distrajo contemplando los pocillos. Sólo había traído tres, uno de cada color. Le gustaba verlos así, formando un triángulo.

Después se echó hacia atrás en el sofá y su nuca encontró lo que esperaba: la mano cálida de Alberto, ya ahuecada para recibirla. Qué delicia, Dios mío. La mano empezó a moverse suavemente y los dedos largos, afilados, se introdujeron por entre el pelo. La primera vez que Alberto se había animado a hacerlo, Mariana se había sentido terriblemente inquieta, con los músculos anudados en una dolorosa contracción que le había impedido disfrutar de la caricia. Ahora no. Ahora estaba tranquila y podía disfrutar. Le parecía que la ceguera de José Claudio era una especie de protección divina.

Sentado frente a ellos, José Claudio respiraba normalmente, casi con beatitud. Con el tiempo, la caricia de Alberto se había convertido en una especie de rito y, ahora mismo, Mariana estaba en condiciones de aguardar el movimiento próximo y previsto. Como todas las tardes, la mano acarició el pescuezo, rozó apenas la oreja derecha, recorrió lentamente la mejilla y el mentón. Finalmente se detuvo sobre los labios entreabiertos. Entonces ella, como todas las tardes, besó silenciosamente aquella palma y cerró por un instante los ojos. Cuando los abrió, el rostro de José Claudio era el mismo. Ajeno, reservado, distante. Para ella, sin embargo, ese momento incluía siempre un poco de temor. Un temor que no tenía razón de ser, ya que en el ejercicio de esa caricia púdica, riesgosa, insolente, ambos habían llegado a una técnica tan perfecta como silenciosa.

"No lo dejes hervir", dijo José Claudio.

La mano de Alberto se retiró y Mariana volvió a inclinarse sobre la mesita. Retiró el mechero, apagó la llamita con la tapa de vidrio, llenó los pocillos directamente desde la cafetera.

Todos los días cambiaba la distribución de los colores. Hoy sería el verde para José Claudio, el negro para Alberto, el rojo para ella. Tomó el pocillo verde para alcanzárselo a su marido, pero antes de dejarlo en sus manos, se encontró con la extraña, apretada sonrisa. Se encontró además, con unas palabras que sonaban más o menos así: "No, querida. Hoy quiero tomar en el pocillo rojo."